Es probable que muchos de vosotros estéis pensando en estos momentos en esa travesía que váis a hacer el próximo verano. A veces os invadirá la sensación de desasosiego que suele crearnos simplemente el pensar en cómo vamos a organizar todo lo que será necesario para llevara buen puerto nuestro proyecto (nunca mejor dicho…).

Probablemente nos va a venir a la cabeza la lista esa que llevamos siempre en nuestra cartera, doblada en cuatro pliegues, en la que inevitablemente vamos anotando todo aquello que queda pendiente por hacer en el barco y que hemos ido dejando para última hora, como suele ser lo habitual. No hay que agobiarse y lo primero que hay que hacer es priorizar en las tareas, es decir, hacer aquello que sea imprescindible para poder largar amarras. Lo que es secundario ya lo iremos haciendo o nunca lo haremos, pero al menos quedará la intención de hacerlo.

¿Tenemos la carena limpia y pintada? Tendremos que hablar con el capitán del puerto para que nos de una fecha para varar el barco y aprovecharemos, además de limpiar fondos y pintar la patente, a cambiar los ánodos de sacrificio, que probablemente estarán desgastados. También hay que acordarse de que quizás nos toca cambiar el aceite de la reductora, en el caso de que nuestro barco lleve una cola tipo “sail drive” y entonces hay que vaciar el aceite a través de la cola, antes de proceder a rellenar con aceite nuevo. Si el timón no va fino, quizás conviene sacar la mecha de la limera y limpiar los cojinetes y engrasarlos. Aprovecharemos también para limpiar de escaramujo todas las entradas y salidas de agua, tanto de desagües como de tomas de mar. A la corredera también hay que limpiarle el caracolillo que impide que gire correctamente.

¿Tenemos el barco bien equipado en el interior? Es probable que en invierno hayamos sacado las colchonetas para que no cojan humedad y que también nos hayamos llevado los cacharros de cocina, que no íbamos a utilizar. No hay cosa peor en un barco que tener todos los pañoles llenos de trastos inútiles. Pero ahora que llega el verano tendremos que volver a reponer lo que nos habíamos llevado del barco. Si éste dispone de cocina de gas también tendremos que acordarnos de ir a cambiar la botella, que seguramente estará vacía del año pasado. Esa sartén que ya estaba pidiendo a gritos una jubilación y la cafetera que nunca cerraba bien y siempre perdía presión por la dichosa junta de goma que estaba casi deshecha…¡Ah!, y muy importante: ¿tenemos cerillas o encendedor para la cocina? Seguro que algún despistado fumador se ha llevado aquel mechero que teníamos reservado para encender el gas. Quizás sea necesario también darle un lavado a las fundas de las colchonetas de los camarotes para lo cual hay que armarse de paciencia, puesto que una de las tareas más tediosas es la de meter la odiosa espuma de la que están hechas, una vez limpias las fundas.

¿Estamos bien equipados de cartas náuticas y libros de navegación? Ya sé que probablemente habéis delegado en la “imprescindible” carta electrónica, y que tenemos una tarjeta de memoria que contiene 3.000 o más cartas…Pero como bien sabemos, la electrónica de un barco y cualquier electrónica pueden fallar y dejarnos tirados en medio del mar, con una cara de lelos que estaremos como para sacarnos una fotografía. No está de más llevar un par o tres de cartas náuticas costeras, que si tienen una escala de 1/50.000 o similar, nos vendrán muy bien para poder situarnos con puntos reconocibles y destacados de la costa. Además, un derrotero de la zona por donde vayamos a navegar, complementará la información de la carta y nos dará tranquilidad. Y, si no es mucho pedir, un sencillo compás de demoras para medir esas olvidadas demoras que hacíais en los ejercicios del curso del Per o de Patrón de Yate, os ayudará en la tarea.

Subamos a cubierta y demos un repaso general a la maniobra. ¿Hace cuánto que no limpiamos y engrasamos los winches? Aunque nos dé pereza, al menos cada dos años convendría hacerlo. Los desmontaremos, con cuidado de fijarnos bien dónde va cada pieza, y los limpiaremos con gasóleo. Después debemos darle grasa especial para winches y montarlos otra vez. Seguro que girarán mucho más rápido que antes. Y los cabos de maniobra, ¿cómo están? Seguro que tenemos alguna driza un poco pelada por la zona donde roza con la polea o bien la parte que está en contacto con la mordaza. Si fuimos previsores al comprar los cabos, deberíamos haber pedido un par de metros más, ya que es casi seguro que tengamos que cortar en el extremo y volver a hacer un nudo o una gaza. También debemos de dar un repaso a la maniobra de fondeo, ya que si hemos tenido el molinete del ancla inactivo durante el invierno, probablemente puede estar agarrotado. En ese caso toca limpiarlo bien de salitre y quizás engrasarlo. También puede que los contactos de los cables presenten señales de óxido.

Relacionado con el sistema eléctrico, ¿funcionan las luces de navegación? Es fácil que como tampoco las hemos encendido en muchos meses, haya entrado humedad y puedan estar oxidados los casquillos. Conviene tenerlas unas horas encendidas para expulsar la humedad que haya entrado dentro. Esto vale para todos los aparatos electrónicos en un barco.

Hemos querido daros un repaso básico de lo más importante, pero como decíamos al principio, es probable que en vuestra lista de cosas pendientes tengáis aún varios apartados sin tachar. Ánimo, y pensad que una vez que larguéis amarras, dejaréis vuestros problemas en tierra y disfrutaréis de unos días inolvidables a bordo de vuestro barco.